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"Registro".
Galería Praxis 1998.
AJUSTES
DE CUENTAS
Por Justo Pastor Mellado
Iré
de inmediato al punto: las pinturas de Ximena Mandiola son
ajustes de cuentas. En verdad, se puede afirmar que la pintura
es una compleja operación de ajuste con las cuentas
de la representación. Lo que queda, finalmente, es
la cristalización de una cantidad de energía
social, verificada para una historia singular del arte (nacional)
de acuerdo a unos códigos culturalmente determinados.
Por ejemplo, el código de la pintura de interiores,
con una bandeja y unos cuantos limones y naranjas, dispuestas
entre unos objetos de cocina. Esa pintura se ajusta a las
cuentas de la inmovilidad y de las certezas de un cotidiano
siempre amenazado. Lo que se llama "naturaleza muerta"
es la operación plástica destinada a aplacar
la angustia ante la irrupción de la discontinuidad.
Es probable que en ello resida la base del éxito
de los cursos de pintura en los institutos municipales de
cultura: actos rituales de conjura de dicha amenaza. Para
ello están las flores y las disposiciones académicas
del bienestar.
Pues bien: las cuentas que ajusta Ximena Mandiola no tienen
nada que ver con eso, en términos directos. Porque
por debajo de las expectativas, lo que se espera es una
pintura que siga la rima del cotidiano y colabore con el
desarrollo de la buena conciencia visual. Aquí, el
cotidiano reparatorio de una escena doméstica que
vive en el temor de su disolución ha sido reemplazado
por el cotidiano malestar del procedimiento: es decir, por
la categoría del trabajo. Esto es, por el malestar
que define las cuotas de la rentabilidad gráfica,
de acuerdo a unos principios de regulación del espacio
del cuadro, que se estatuirán en gestos simulados
de la reproducción ampliada del capital.
Esa
es la razón de por qué estos cuadros poseen
dos tempos : uno de ejecución y otro de lectura.
De esta distinción depende la eficacia discreta de
su designación: Ximena Mandiola anota las intensidades
del propio acto de numerar, buscando una concisión
y una precisión que se refiere a la autonomía
y autoreferencialidad de su propio acto gráfico.
Lo que en definitiva escribe es una letanía que autoriza
su crecimiento para ocupar el espacio total de sus formatos,
sobreponiendo diversos regímenes de cuentas, como
también, para combatir otra amenaza: la aparición
de texturas. Es decir, en este plano, el ajuste de cuentas
aparece como un problema plástico concreto.
Ximena Mandiola ajusta sus propias cuentas con un pasado
inmediato representativo, del cual se separa de manera acelerada.
Ello explica la violencia de sus decisiones plásticas,
para pasar de diagramas urbanos excentos de planificación
-en la época del estallido de la noción de
plano regulador-, a la planificación de su propio
habitar en la pintura. Esto significó abandonar la
fascinación por las representaciones cartográficas,
que desde la consideración gráfica de las
fotografías aéreas de una ciudad termina señalando
áreas cromáticas de habitabilidad. Como si
del color dependiera la calidad de vida. (Lo que no es una
mala idea). Pero la línea es la que separa las funciones
de reproducción de las áreas habitables, cerrando
espacios, discriminando roles, etc. Entre esos roles, el
de mujer, en pintura, hilvanando los descartes posibles
de la regla, en el ejercicio de la regulación misma.
Ximena Mandiola escribe, es decir, numera, correlativamente,
las marcas, los impulsos, como una escolar castigada, obligada
a cumplir, rellenando las planas, las pinturas de formato
regular, con una sentencia: llevar el registro de lo que
cabe en la dimensión anotada. Se trata de un gesto
que en su repetición y tolerancia material define
un espacio para el deseo del deseo , de no ya "representar
una cosa", sino reproducir el efecto inolvidable, inomitible,
de las intensidades finales.
Santiago,
Julio 1998.
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