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Registro
III
Indagación del tiempo
Galería
Palma - Valdés / 2001.
Por
Pía Serra
Artista Audivisual
Para
referirme al trabajo de Ximena Mandiola y poder hacerlo
más cercano, me ha parecido clave relacionarlo con
dos acontecimientos trascendentales del siglo recién
pasado. El siglo XX ha sido uno de aquellos períodos
de la humanidad en que han surgido grandes revoluciones
del conocimiento y del pensamiento; fue un siglo donde muchas
disciplinas humanas fueron cuestionadas en sus verdadres
más inamovibles. Es en sus primeros años que
las certezas respecto de un universo eterno, estable e infinito,
son derribadas. La nueva teoría de Einstein habla
de un universo regido por la relatividad. En esa misma época
comienza una nueva mirada hacia la interioridad del ser.
Al igual que Einstein en la física, Heidegger lo
hace con la ontología tradicional, llevando a que
la milenaria pregunta sobre el ser en cuanto a ser ya no
sea en el vacío y en la infinitud, sino que se remita
al mundo. Estos dos grandes cambios tienen además
en común, que surgen a partir de la revisión
del concepto del tiempo. Desde sus respectivos objetos de
estudio, la física y la metafísica, el tiempo
había sido visto como inmodificable e infinito; por
ende un dato de ambas disciplinas. A partir de este cuestionamiento
radical, el tiempo es incorporado como eje central de ellas.
Y no sólo tienen en común en cuanto a objeto
de estudio, sino que llegan a la misma conclusión:
el tiempo es relativo y finito. (Tanto en relatividad como
en metafísica el espacio es inherente al tiempo).
Pero es el segundo acontecimiento el que nos atañe
en forma más directa en nuestra cotidianidad y por
lo tanto en el trabajo artístico, sin que lo anterior
se diluya en el horizonte; el hombre contemporáneo
al preguntarse por su ser en el mundo, se interroga por
su existencia. De allí surge que la comprensión
de este hombre actual, sólo puede ser desde el tiempo,
concluyendo que su estructura originaria es el tiempo. El
tiempo es entonces nuestro elemento constitutivo. Pero no
es un tiempo abstracto e infinito, sino un tiempo finito;
el que va entre nuestro nacimiento y nuestra muerte. Este
es hoy nuestro drama cotidiano: somos seres temporales.
Pero el tiempo que debemos comprender para poder reconocernos
y encontrarnos y finalmente superar el drama, debe poseer
cierta estructura tal que lo haga finito y por lo tanto
significativo al hombre; si bien se trata de un tiempo numerado,
es decir un flujo de instantes, éste debe poseer
lo que Heidegger denominó la "estructura relacional
de fechabilidad". Con ello quiso expresar que a partir
de un "ahora" hay un "entonces" y hay
un "luego"; es decir un presente, un pasado y
un futuro, y por lo tanto un principio y un fin. Es este
tiempo constitutivo de todo ser humano lo que indaga Ximena
Mandiola en su pintura; interroga nuestra condición
más original. Es por ello que nos enfrentamos a una
pintura que como ninguna otra bordea, lo que milenariamente
se ha denominado más allá de la física
y que cabe decir aquí en propiedad, la metafísica.
La historia nos muestra la importancia de aquellas manifestaciones
de la creación humana que han sabido interrogar por
el ser mismo, a la luz de los signos de su propio tiempo.
Esta presentación quiere ser una invitación
a una observación detenida y a una contemplación
silenciosa de los trabajos de Ximena Mandiola. A través
de penetrar el tejido de tiempo que realiza en cada una
de sus telas, ya sea éste como un transcurso, o como
una textura de "ahoras" fechados, seremos llevados
a una reflexión sobre la existencia humana y sobre
nuestra propia interioridad, objetivo último del
arte.
Pía
Serra
Artista Audivisual
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